Cúcuta, portón abierto de una nostálgica frontera

Por: Gladiador González

Alla en aquel lugar en que Venezuela y Colombia entrelazan lo mas vivo de sus fronteras, hoy se extiende como sombra perceptible la idea creadora de Juana Rangel de Cuellar, la Perla de la Frontera, esto es, la ciudad de Cúcuta, hoy pujante foco de desarrollo del oriente Colombiano, cuyo altivo y poderoso centinela el cerro de tasajero, concedió licencia desde un día y para siempre, al providencial faro de luminiscentes destellos, para mostrar a lo lejos a las industrias y explotaciones propias y a las del centro y el resto de aquel país, las promisorias ventajas que les brindan los puertos del Golfo de Venezuela. 

No es ya una ciudad pequeña, porque en aquel País en que, ciudades como Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla y Bucaramanga se extienden vertiginosamente, ha ocupado lugar como ciudad intermedia, carácter que no es de poca monta, en la medida en que por sus 1´046.000 habitantes metropolitanos, no es ya una población más, sino una importante ciudad, en la cual además, la geopolítica atornilló los cerrojos del Portón de la Frontera, como le llamara Jorge Villamil, corredor que presencia a diario el paso en doble sentido, de por lo menos 13.550 transeúntes con sus paquetes, y unas 210.000 toneladas mensuales de carga avalada por el cabotaje internacional.

Dan cuenta las cifras que, de aquel guarismo poblacional de la ciudad frontera, en este momento 252.000 son migrantes venezolanos, de los cuales una inmensa mayoría está prestando calificados y muy valorados servicios a la industria, al comercio y hasta a la informalidad locales, como dependientes y como independientes, en todo caso contribuyendo de manera significativa al desarrollo y proyección socioeconómicos de la ciudad.

Bajo la dirección de Jorge Acevedo, a quien un importante número de los ciudadanos confió desde hace ya un año el timón de su ciudad, y como tratándose de un escalón más en el ascenso hacia la meta cuya bandera de llegada ondea en el horizonte, se aprobó este año el nuevo Plan de Desarrollo 2.024 – 2.027, hoja de ruta que se escribió esta vez, contando entre sus promotores y beneficiarios, a ese gran grupo de hermanos nacidos en esta hermana nación y allí asentados, inclusión que es consecuencia obvia de su integración activa y eficaz a la cadena productiva de aquella comarca, ya desde hace un considerable periodo de tiempo.

Aquel ambicioso plan se contiene en 647 páginas, y su estructural esencia gira en todo a 6 propósitos, esto es, i) la garantía de eficiencia administrativa para la calidad de la gestión pública, ii) la transformación de las condiciones de seguridad y convivencia ciudadana, iii) el compromiso social con la inclusión y los derechos de la gente, iv) la garantía de trabajo y productividad económica, v) el ordenamiento sostenible del suelo y la gestión ambiental, vi) y las vías para la movilidad e infraestructura productiva.

Sobre estos 6 pilares programáticos del plan de desarrollo, se yergue el futuro de aquella ciudad y sus gentes, 2,3 billones de presupuesto para 2.025 es el respaldo económico de partida para esa gran ejecutoria, en aquel basto programa está dibujada la silueta de la Cúcuta que veremos al cabo de tres años, que es el marco referencial de tiempo para su cumplimiento, vemos allí a una población económicamente mejor posicionada, vemos una ciudad estructuralmente remodelada y socialmente articulada, vemos allí una comunidad mas culta y proyectada, vemos allí a unos Cucuteños y arraigados más proactivos y futuristas, vemos allí un puerto seco, que si bien un poco distante de las cálidas aguas del golfo, mantiene húmeda y salobre la línea ya casi invisible de su frontera, gracias a que la magia de la armonía y la confraternidad han podido más que el indeleble trazado de sus límites, al punto de llegar a recrearse en la mente de alguien, la propuesta de que San Cristobal y Cúcuta sean, en fecha no muy lejana, una ciudad binacional.

Indudablemente se advierte que está en el plan gubernamental local y a no dudarlo articuladamente con el de ciudades más internas y hasta la misma capital, que esa ciudad puerto se prepara para ser inexorable articulador de grandes negocios entre los dos países, pero también con los del lejano oriente, el Viejo Mundo y el oriente medio que, por esta misma vertiente hoy ya reciben el carbón mineral, el coque, el aguacate hass, entre otros, dada su coyuntural geopolítica.

En esa carrera, hoy ha renacido el comercio binacional como augurio de lo que vendrá en desarrollo de los planes, con el envío de químicos, alimentos, bebidas, tabaco y materiales plásticos, cuya escala viene en franco aumento y diversificación.

Pero es que infraestructuralmente también la ciudad se está preparando, próximamente se inaugurará el acueducto metropolitano, proyectdo para abastecer por 50 años a una numerosa población metropolitana, su capacidad hotelera se ha incrementado en un considerable número de camas, los hospitales y clínicas disponen de usis bien dotadas y cuentan con suficiente numero de camas para hospitalización, la infraestructura vial se está optimizando y hay en proceso de entronización un basto programa de seguridad metropolitana, el renglón energético está satisfecho con energía térmica de hídrica de fuentes sostenibles, con algún déficit temporal para la masificación del servicio de gas natural domiciliario, pendiente de las nuevas explotaciones en curso, pero en este momento, de que se reactive el acuerdo de exportación de 2.007 habidas las bondades del ya existente gasoducto Antonio Ricaurte, consolidar el favorable negoció de exportación desde Venezuela.

Esta es al vuelo, la ciudad actual y la que será en tres años, según se ha proyectado desde sus estamentos gubernamentales, este es y este será el epicentro grandes operaciones binacionales y transnacionales, este es el floreciente portón de la frontera cuyo estigma circundan como pétalos las hermosas poblaciones de San Antonio, Ureña, Aguas Calientes y San Cristóbal, Los Patios, el Zulia y Villa del Rosario, romántica configuración de pueblos hermanos cuya hermosura retrata en cada atardecer el idílico rayo del faro del catatumbo. 

Gladiador.    

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